La persona mas feliz del mundo

 Letra hebrea Bet. línea superior de la Misericordia del Creador, descendiendo a la tierra, al mundo físico, al ser humano, a Sú creación. Debemos prepararnos como el recipiente para recibir esa misericordia Divina.  

Tomado del libro “En el jardín de los milagros” del Autor Rabino Shalom Arush.

LA PERSONA MAS FELIZ DEL MUNDO

En esta oportunidad quiero contarles un episodio de la vida real acerca del cual leí hace poco y que contiene un mensaje de Emuná que puede ayudar a muchos. La historia la cuenta un joven llamado Alon Paz, que sufre de parálisis total del cuerpo. Ustedes obviamente se preguntarán cómo hizo para escribir la historia. Les voy a explicar. Resulta que este joven lleva pegada en la nariz una pequeña etiqueta adhesiva redonda y encima de su computadora hay una cámara fotográfica muy pequeñita que se enfoca en el punto plateado que lleva puesto en la nariz y este puntito devuelve el rayo a la pantalla de la computadora. Alón, al mover la nariz, mueve el rayo hacia la izquierda, hacia arriba, hacia abajo, y activa la computadora; de esta forma escribe artículos, lee clases de Torá y responde a todas las personas que se dirigen a él tanto por medio de la computadora como por medio de su teléfono celular personal, que consta de un audífono especial con el que le responde de inmediato a cada persona. Esto es lo que escribe Alón:

Shalom. Me llamo Alón Paz. Tengo 38 años de edad. Nací y me crie en la ciudad Hod Hasharón, en Israel. Cuando nací sufría de parálisis en las piernas. De todos modos, me manejaba en forma independiente: podía caminar varios pasos solo, conducía, escribía, comía sin ningún problema. Hace aproximadamente seis años, siendo ya inválido, iba conduciendo en un auto especial para gente inválida y sufrí un terrible accidente de tránsito. Como resultado del accidente, quedé totalmente inválido. Sufría de parálisis total en todo el cuerpo. El diafragma se dañó y por eso también estoy conectado a un respirador. No tengo manos. No tengo piernas. Y la respiración, gracias a Dios, Bendito Sea, es asistida por un respirador.

En la actualidad me encuentro internado en la clínica de reposo "Beit Rivka", en la ciudad de Petaj Tikva. Como secuela del accidente que sufri, mi emuná en el Creador se fortaleció enormemente. Hoy en día paso el tiempo estudiando Torá con la ayuda de rabinos y personas buenas que vienen a visitarme, y también con amigos que vienen a hacerme compañía. Algunos incluso tienen días fijos para las visitas.

Yo estoy en una habitación privada y casi no salgo de ella. La mayor parte del día me entretengo recitando plegarias y estudiando Torá. Ahora quiero contarles cómo hago para enfrentar la situación en la que me encuentro, la fuerza que obtengo de la Emuná. La Emuná es la que me mantiene todo a la voluntad para vivir y seguir adelante. Espero que todo el que lea esto se fortalezca con lo que les digo y que puedan también fortalecer a mucha más gente. La persona promedio, si le ocurre algo, por más insignificante que sea, de inmediato exclama. "¿Por qué, Dios mío, ¿por qué? ¿Por qué justamente a mí? ¿Qué hice de malo para merecer algo así?". Yo personalmente no recuerdo haber dicho, desde el momento en que ocurrió el accidente y hasta el día de hoy, "por qué". ' Hay una sola palabra que dije todo el tiempo y la sigo diciendo ahora: "Gracias, gracias, Dios mío. Si esto es lo que elegiste para mí, ¿Quién soy yo para ir a quejarme, ponerme a orar y enojarme contigo? Tú eres el Único que sabe qué es lo mejor para mí. ¡Tus caminos son ocultos y Tus actos son prodigiosos! ¡No hay nada fuera de Ti, Dios mío, Bendito Seas, ¡todo es para bien!".

Él es el Creador. Yo soy la criatura. Él es el Padre, yo soy Su hijo. El es el Rey, yo soy Su siervo. Él es el que da las órdenes, yo soy el que las cumplo. Yo Lo corono Rey cada noche y cada día, Rey de mi cuerpo y Rey de mi alma, de toda la ciudad en la que me encuentro, de toda la santa Tierra de Israel, de todo este enorme mundo y de todo el inmenso universo, porque Él es el Rey de Reyes, el Santo Bendito Sea.

El creó y formó todo lo que existe. Él es Uno y no hay quién lo secunde. Él es Uno y Único. ¡Amo de todos los mundos! Él es el que creó todo y dirige todo. ¡Él es infinitamente más grande que el universo, más grande que todo! Él puede hacer conmigo lo que se Le antoje. ¿Quién o qué soy yo para oponerme a ÉI? Yo confío en todas Sus decisiones y en todos Sus actos en forma absoluta. La persona tiene que entender que el mundo tiene un Creador y que las cosas no pasan así porque sí. Hay cálculos Divinos que nosotros no comprendemos y por lo tanto tenemos que aceptar todo con comprensión, con amor y con alegría, porque si uno cree en Creador, entonces tiene que confiar en Él completamente.

Así como sabemos darle las gracias cuando las cosas nos van bien, también tenemos que saber darle las gracias cuando no nos va bien. Es preferible sufrir, sentir dolor y estar afligidos, limpiarnos, rectificarnos, purificarnos y expiar los pecados en este mundo y no en el Mundo Venidero, para poder ir directamente a un sitio bueno allá Arriba.

Hoy estoy recluido dentro de una habitación muy pequeña "como una cajita de fósforos", postrado en la cama y conectado al respirador. No veo ni la tierra ni el cielo. Somos solamente yo y cuatro paredes. Yo sé que no me estoy perdiendo nada de afuera. La ciudad es grande. El país es grande. El mundo es grande. Pero yo sé que afuera todo es materialismo, pasiones físicas, vanidades, y yo estoy recostado en la cama dentro de la habitación y hago hitbodedut y hablo con el Creador. Le hablo a Él. Le pido y oro por mí mismo, por toda mi familia y por todo el pueblo de Israel. Yo sé que cuando llegue el momento de irme de este mundo, al cabo de ciento veinte años, voy a recibir mil veces más, un millón de veces más de lo que recibí en este mundo. ¡No me estoy perdiendo nada! El hecho de que me encuentre en esta situación no es algo que tenga que dar lástima. Al revés: ¡es todo un mérito! Yo, con este sufrimiento, estoy ayudando a expiar los pecados del Pueblo de Israel. ¿Qué más puedo pedir?

Hoy comprendo algo que a la persona sana le cuesta comprender: que el cuerpo es algo secundario. Mientras lata el corazón, y funcione la mente y los ojos vean y los oídos oigan y la boca hable y coma y el alma me eleve, ¿qué otra cosa necesito? No necesito absolutamente nada. Porque al saber que este mundo es transitorio, que la vida es pasajera, que el cuerpo es efímero, ¿de qué me voy a preocupar? ¿Por qué voy a temer? ¿A qué le voy a tener miedo? Mi Padre Divino, Hashem, me cuida y me protege y me provee todas mis necesidades y como dice en los Salmos (23): "Mizmor LeDavid. Hashem es mi Pastor; nada me ha de faltar".

Gracias a Dios, estoy contento de ser quien soy, lo que soy y como soy. No tengo quejas contra Hashem. ¡Solamente gracias! Soy muy feliz.

¿Acaso alguna vez le pusiste a pensar en el valor de tu cuerpo? ¿En el dedo meñique? Cuando te pica la nariz, el oído o cualquier otra parte del cuerpo, levantas el dedo y te rascas enseguida, sin ningún problema, porque para ti todo es obvio. Cuando a mí me pica la nariz, el oído o cualquier otra parte del cuerpo, yo tengo que sufrir la picazón durante largos minutos en el mejor de los casos. ¡No puedo dar nada por sentado! ¿Cuándo fue la última vez que valoraste tu mano? Cuando tienes sed, tomas un vaso, lo llenas de agua y entonces te llevas el vaso a la boca y bebes. ¿Alguna vez te pusiste a pensar en el valor de tus músculos, los tendones, los huesos, gracias a todos los cuales puedes mover la mano?

Yo no puedo mover ni siquiera un dedo. Yo tengo que pedirle ayuda al vecino para que me den de beber, de comer o para que me rasquen la espalda. Yo solo no puedo hacer nada de nada. Por eso, díganle al Creador: "Dios mío, gracias por las manos; gracias por poder hacer todo lo que quiera, de la manera que quiera, cuando quiera, tanto como quiera.

¡Gracias, Dios mío, gracias!".

¡Acaso alguna vez te pusiste a pensar en el valor de tus piernas? Un par de piernas que sostienen sobre sí mismas varias decenas de kilogramos. Estás parado frente a las escaleras; tienes que subir varios pisos y te dices a ti mismo: “Uf… cuánto tengo que subir". Te da pereza. Dale las gracias al Creador: Gracias por tener piernas sanas, gracias por poder caminar, gracias por poder subir las escaleras. Hay personas inválidas, hay personas ancianas, que hasta que suban un escalón y otro escalón pasa un rato largo, mientras que tú los vas subiendo de dos en dos. Cuando llegues arriba, dale las gracias al Creador, gracias por las piernas sanas, gracias dar darme la capacidad de subir hasta arriba. ¡No se puede dar nada por sentado! ¡Nada! "Gracias por darme la capacidad de ir donde quiera, cuando quiera, sin necesitar la ayuda de nadie. Gracias por darme la capacidad de bañarme yo solo, y estar limpio, y vestirme".

Hay personas que no pueden hacer estas cosas por sí solas. Hay que bañarlas en la cama, como yo por ejemplo. Yo estoy acostado en la cama, conectado al respirador, dentro de una habitación pequeña de la cual casi no salgo. No veo lo que pasa afuera. Tú, amigo mío, párate junto a la ventana, mira hacia afuera, respira bien profundo y dile al Creador: "¡Gracias, Dios mío! ¡Gracias por poder respirar yo solo; por ver el cielo, por ver el sol, por ver la luna y las estrellas, por ver las nubes, por ver los pajaritos, por ver la tierra, por ver los árboles, por ver las flores, el pasto. Por poder disfrutar de las maravillas de esta magnífica Creación” ¡No es algo que podamos dar por sentado!

Sabe valorar cada cosa que te dio el Creador. Tienes que sentir que eres una persona dichosa, que la vida es bella, que el Creador te ama, que te concedió el mérito de tener un cuerpo sano, una mente sana.

Hasta acá las palabras de Alón Paz.

Cuenta el Rabino Kovy (Yaakov) Levi, que incluyó esta historia en uno de sus libros, que no hace mucho Alón Paz fue invitado a dar una conferencia ante 1800 voluntarios de la organización de ayuda al prójimo Ezer Mitzion. Y allí dijo lo siguiente: "Ustedes se me quedan mirando. Inválido.

Sin manos. Sin piernas. Pero no me tengan lástima. Yo soy feliz. Yo soy completo. Y no sólo eso: si el Santo Bendito Sea me trajera un hombre multimillonario, fornido, alto con brazos fuertes y piernas resistentes, y me dijera: 'Alón, este hombre quiere intercambiar puestos contigo. Él se va a quedar postrado en esta cama, inválido, sin poder moverse, porque va a recibir tu cuerpo, y tú vas a recibir el cuerpo de él y toda su fortuna y podrás finalmente vivir como una persona normal: rico, sano, capaz de hacer lo que quieras cuando quieras y disfrutar de la vida. Cualquier cosa que pidas, te la daré, entonces yo Le respondería: No, no quiero. ¿Y por qué? Porque Tú, Hashem, Tú sabes qué es lo mejor para mí. Y si para mí lo mejor es estar postrado en esta cama completamente inválido, entonces yo prefiero seguir así y muchas gracias por todo". Este hombre alcanzó una Emuná completa, la total convicción de que solamente Hashem sabe qué es lo mejor para cada uno. Únicamente el que tiene una Emuná semejante puede considerarse "feliz con su parte" y él es el verdadero millonario.

A partir de esta historia vemos que la vida buena y dulce es únicamente la vida con Emuná. La vida feliz es la vida con Emuná. ¿Acaso tú vives con la Emuná de que todo es bueno? ¡No hace falta más! ¡Todo es bueno!

¿Qué necesita la persona? Una sola cosa: hablar con Hashem. Lo principal es que tiene una boca. Solamente eso. Que respira. Que el corazón le late. ¿Él puede hablar con Hashem? Eso es lo que hace falta en este mundo: hablar con Hashem, dar las gracias, estudiar Torá, rezar. No le falta nada. Es feliz, dichosa. ¡Al revés! No tiene pruebas. No tiene pasiones físicas. No tiene el materialismo de este mundo.

Solamente hace el bien. Ya no puede hacer nada malo. ¡La persona no puede dejar de dar las gracias! ¡A cada momento, a cada instante, dar las gracias! Dar las gracias por cada inhalación, por cada exhalación...

Cuanto más se fortalezca la persona en la Emuná de que no existe el mal en el mundo, más feliz será. Toda la depresión, toda la falta de alegría que tiene la persona es porque todavía no cree con total y absoluta Emuná que Hashem la supervisa con Su precisa Supervisión Individual. Que todas las cosas que le causan pena en realidad son para su propio bien eterno.  

Que no existe el mal en el mundo. Esta persona aún sigue pensando que existe el mal.

Aunque aprendamos otras cosas, no olvidaremos la gratitud todas nuestras vidas. Todo el tiempo tenemos que aferrarnos a la Emuná, tenemos que fortalecer nuestra Emuná. Cantar y alabar, gracias, gracias, gracias. Y cuanto más, mejor.

 

Mi Reflexión: Muchos de mis compañeros hemos estado siendo testigos silenciosos de muchos acontecimientos milagrosos que acontecen día a día.

Sin embargo, cuando leí este fragmento de tantas historias más, no pude resistir el despertar de conciencia que se derramaba en mi ser, mientras lagrimas brotaban de mi interior como un alma que sangraba al no haber entendido la misericordia inconmensurable de un Creador vivo y que apenas lo empezaba a conocer. Gracias Bendito Hashem.

 

Su amigo y servidor,

Victor R. Acosta


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